Inicio Impactando la vida de cientos de niños indígenas en Bogotá

Impactando la vida de cientos de niños indígenas en Bogotá

Desde hace 7 años, el Programa Nidos - Arte en primera infancia ha trabajado con las comunidades indígenas que habitan diferentes localidades de Bogotá para garantizar los derechos culturales de las niñas y niños indígenas entre los 0 y 5 años a través del arte, la gestión territorial y la cocreación artística. Este es un esfuerzo institucional, un trabajo conjunto, una apuesta por resaltar y asegurar la diversidad cultural del país.

El contexto

Han pasado ya 32 años desde que la Organización Internacional del Trabajo - OIT proclamó el Convenio 169. Tras años de luchas que cobraron vidas, culturas que desaparecieron en el desconocimiento y territorios que resistieron a toda clase de circunstancias, se materializó un acuerdo internacional que reconoció varios de los derechos de los pueblos indígenas. Aquí en Colombia se han ratificado algunos de los mandatos de ese convenio, sin embargo, aún hay un recorrido amplio para llegar a una sociedad intercultural dentro de un marco democrático.

Uno de los mayores desafíos de la aplicación de este convenio, y parte fundamental de su apuesta, es la concertación con los pueblos indígenas y su participación en la vida política, lo que ha evidenciado un contexto complejo para su ejecución y apropiación en los diferentes países.

En el contexto distrital, el Nuevo Contrato Social y Ambiental para la Bogotá del Siglo XXI, el plan de desarrollo de la Alcaldesa Claudia López, avanza en la implementación de proyectos y acciones concretas que abran las posibilidades a la participación de los pueblos indígenas en el Distrito, tal como lo señala el artículo 66 al establecer un “(...) proceso de concertación y construcción conjunta con los pueblos y comunidades étnicas asentados en el Distrito, que conduzca a la inclusión de programas, planes y proyectos específicos; metas, indicadores, tiempos, responsables y asignación presupuestal dirigidos a la población étnicamente diferenciada, en cada uno de los sectores de la Administración y en las Localidades, propendiendo por la salvaguarda de sus derechos y garantizando su supervivencia física y cultural”.

Con este camino trazado, las instituciones distritales han iniciado la implementación de varios proyectos que promueven la participación social y política de los pueblos, las familias y las niñas y niños indígenas que hacen parte de la ciudad. Para todos los sectores el desafío es el mismo, cómo establecer un diálogo inclusivo y respetuoso con ellos, cómo hacer de Bogotá un lugar seguro y de bienestar para los pueblos indígenas. En el sector Cultura, cabe preguntarse cómo se puede salvaguardar su memoria, sus prácticas, ¿cómo el arte puede mediar en la justicia social y la revitalización cultural de los pueblos indígenas en la ciudad?

El Instituto Distrital de las Artes - Idartes, a través de su Programa Nidos, ha pensado en estos interrogantes en el contexto específico de los niños y niñas indígenas que se encuentran entre los 0 y 5 años de edad. Durante 7 años se han generado procesos de indagación sobre cómo se han establecido relaciones con los pueblos indígenas en función de la niñez y cuáles son las necesidades en ese sentido, lo que ha permitido iniciar la construcción de un camino hacia el diálogo intercultural a través del arte para la primera infancia. El resultado de esos esfuerzos comunes se materializa en investigaciones respetuosas y creaciones desde el afecto para las niñas y niños.

Las memorias

A partir del análisis de 32 experiencias artísticas realizadas por los artistas comunitarios del Programa entre 2017 y 2019 en 7 localidades de Bogotá, nacieron las Memorias de la Práctica Artística con Grupos Étnicos, un documento que recoge las visiones, hallazgos y diálogos con los pueblos indígenas sobre la primera infancia en sus contextos.

Este trabajo partió de la comprensión del Lineamiento para la Atención Integral a la Primera Infancia en Perspectiva de Respeto y Reconocimiento de la Diversidad, un documento de la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia - De Cero a Siempre, que recoge los sentires y saberes de los profesionales relacionados con la atención a los niños y niñas entre 0 y 5 años del país. 

A luz de ese entendimiento, el Programa abordó el trabajo realizado en 11 Casas de Pensamiento Intercultural ubicadas en 9 localidades de la ciudad: Fontibón, Engativá, Suba, San Cristóbal, Santafé, Kennedy, Bosa, Los Mártires y Usme, que de acuerdo a la Secretaría de Integración Social - SDIS, son “(...) lugares con las mismas características de los jardines infantiles, pero con la particularidad de que los procesos pedagógicos parten de principios de la educación inicial indígena, con la participación de autoridades de los diferentes pueblos y las familias en la construcción del proyecto educativo. (...) Arraigar la cultura ancestral es el norte de este tipo de servicios, que incluyen alimentación nutritiva, seguimiento al estado nutricional de los niños, actividades de juego, arte y literatura orientadas hacia el reconocimiento de la condición étnica y cultural y cuidado calificado con talento humano conocedor de la comunidad étnica”.

Sin embargo, para María Tumiña, vicegobernadora misak de la Casa de Pensamiento Intercultural Shush Urek Kusreik, los lineamientos institucionales a veces pueden presentarse como obstáculos para los espacios de crianza propios de la comunidad. Es allí donde nace uno de los grandes retos de la interculturalidad, pues no es solo pensar en una relación armónica, es reconocer y respetar las lógicas del otro.

Para leer los aportes de María Tumiña a la investigación, haga clic aquí.

En ese contexto, apostando por la verdadera interculturalidad, y pensando en los niños, las niñas y sus familias, los artistas realizaron experiencias artísticas con algunos grupos étnicos o inspirados en ellos, acciones que tienen como respaldo más de 50 sistematizaciones sobre el tema, que señalan un ciclo de atención a esta población de 1, 2 y 3 meses de manera variable y que arrojaron un resultado del 70% de experiencias inspiradas en lo étnico y 30% de atención directa a las comunidades embera, misak y muisca, en su mayoría, aunque también se identificó la presencia de niñas y niños uitoto y tikuna.

Para el Programa, es normal y tradicional sistematizar su quehacer y el papel que juega el arte en el desarrollo integral de las niñas y los niños, sin embargo, para los pueblos indígenas, el concepto de arte no es como se percibe desde este lado de la historia. “El arte no es arte, sino es la belleza en las acciones de la vida, es parte de la memoria para no perder la identidad”, comentó María Tumiña el año pasado mientras se construía la investigación. Por esa razón, la intención de los artistas al momento de la creación era clara: reconocer el territorio particular de cada comunidad a partir de lo local, acercar a las niñas y niños a sus sonoridades ancestrales en el contexto de la ciudad y emplear la oralidad y la creación de historias como vehículo para intercambiar saberes y crear nuevos universos simbólicos para las niñas, los niños, sus familias, la comunidad y los artistas comunitarios de Nidos.

La cocreación

Este escenario de aprendizaje mutuo trascendió los espacios de las Casas Culturales de Pensamiento y llegó a la virtualidad como consecuencia de la emergencia sanitaria del último año. 

Para septiembre del 2020, en la localidad de Fontibón, Iván Gómez Ayure, gestor territorial del Programa, Lina Vélez, Christian Buitrago, Gina González, Bryan Aguilar, Lorena Rodríguez, Sebastián Bernal y Magály Arévalo, artistas comunitarios de Nidos, y sus líderes, Paloma Salgado y Nestor Neuta, venían trabajando de manera constante con la Casa de Pensamiento Intercultural Shush Urek Kusreik Ya, un lugar de encuentro en el que adultos, niñas, niños e instituciones del Distrito dialogan y trabajan alrededor de varios temas con la comunidad misak, entre ellos, la primera infancia. En ese momento, surgió la idea de unir mentes y corazones para crear un contenido multimedia para la estrategia Nidos en Casa, la iniciativa del Programa para seguir llegando a las niñas y niños en tiempos de distanciamiento social.

Con el conocimiento ancestral de los sabedores misak, la creatividad de los artistas de Nidos, un par de reuniones virtuales, y un consenso, se acordó abordar la historia de origen del pueblo misak y su patrimonio inmaterial. Una pieza audiovisual que abordara sus historias de vida y su relación con el territorio. Así nació Piurek, hijos del agua, un relato ancestral para niños y niñas en primera infancia.

Después de varios meses de reuniones, horas de trabajo extenuantes y diálogos enriquecedores entre la comunidad y los artistas, este video salió a la luz el pasado 27 de abril en un evento cerrado en el Teatro El Parque, que convocó al grupo cocreador para hablar de este proceso, sus recuerdos y sentires. Entre toda la emoción que envolvía el momento, antes de la proyección del video, se escuchaba a los artistas decir: “Estos no son mitos ni leyendas. Es su historia que nos entregan”, “este proceso fue aprender entre todos” y “este contenido es reconocer la diferencia”. Desde la comunidad misak, se escuchaba, “para nosotros, cocrear es compartir un poco nuestra cultura. Esto es de nosotros y de ustedes también”, en palabras de Miguel Antonio Tumiña, sabedor misak que participó en el proceso de producción audiovisual y de quien es la voz que se escucha en Piurek.

Después de unos minutos, el silencio se apoderó del auditorio, se apagaron las luces y un destello de luz apareció en la pantalla. Por unos instantes, se alcanzaba a escuchar el susurro de la comunidad en namtrik, su lengua original. Nunca se supo qué decían, tampoco fue necesario, una vez terminó la proyección, un estallido de aplausos habló por ellos. Acababan de ver la tradición y el corazón de un pueblo indígena que dialogó con la fuerza creadora de los artistas bogotanos en un video de 6:56 minutos para las niñas y los niños indígenas y mestizos entre los 0 y 5 años.

Es un paso más hacia la construcción de otras formas en que las instituciones públicas pueden trabajar de la mano de los pueblos indígenas, desde sus necesidades, desde sus expectativas en el marco del respeto y teniendo como centro el bienestar de los niños y las niñas, así como la revitalización de las culturas indígenas”, dijo Catalina Valencia Tobón, directora del Idartes, durante el evento.

Tal vez Piurek solo sea un contenido, tal vez solo sea el resultado de esta apuesta concreta por la interculturalidad junto al pueblo misak. Lo cierto es que no será el único, es el primero de varios que están en camino, de muchos que, seguramente, traerán impregnado el espíritu de los pueblos indígenas que habitan la ciudad, de esas familias que dejan sus territorios para empezar en un nuevo lugar. De los más de 1000 niñas y niños indígenas que han sido beneficiados por el Programa Nidos - Arte en primera infancia durante los últimos 7 años.

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